Obispo, Francisco Pacheco de Toledo, Arzobispo

En 1579 se cuelgan en estas paredes de sala capitular y capilla de santa Catalina los retratos figurados de los obispos desde la primitiva diócesis de Oca (s.VI), su posterior traslado a la de Gamonal (1075) y hasta ese momento de la ya diócesis burgalesa.

Una lista imposible de configurar que termina con el obispo vigente en aquel momento y que se convertirá en primer arzobispo de Burgos, Francisco Pacheco de Toledo, tras elevar el papa Gregorio XIII, cinco años antes (1574), esta diócesis a archidiócesis.

El origen de la tradición

En algún momento del gobierno de Francisco Pacheco (1567-1579) se decide realizar el imposible estudio sobre todos los obispos anteriores. Algo que se puede enmarcar mejor dentro de la profunda reorganización de la diócesis que llevó a cabo, que sobre la idea de que se hizo para conmemorar un ilustre pasado ahora que iba a transformarse en arzobispado.

Si no se conoce cuando ni porqué causa se decide pintar esos retratos tampoco se tienen noticias de sus autor/es. Sí se conoce que en 1579 se cuelgan en las paredes de santa Catalina dejando espacio para el que se estaba haciendo de Pacheco, ... y los que fueren. Y que ocho años antes (1571) ya se estaban pintando.

Un empujoncito a la colección

En 1619 se intenta activar el proyecto y se encargan los retratos de los tres arzobispos que han sido en esos 30 años que han pasado. Serán los de Cristóbal Vela, el cardenal Zapata y el de Alonso Manrique. Tres años más tarde aún se están gestionando estos trabajos, ahora incluyendo al arzobispo en curso, Fernando de Acevedo. Incluso en 1626 se recuerda que se retraten los prelados que faltan dando a entender el interés por mantener el proyecto.

Para este periodo algunos historiadores ya asocian al pintor Diego de Leyva como el autor de esos cuatro retratos. Comenzaría la serie en 1628 con el retrato real de Acevedo en su último año de arzobispado y completaría hasta 1632 los cuadros de los tres anteriores prelados.

A la mano de otro pintor, Mateo Cerezo el Viejo, algunos le atribuyen en 1645 el cuadro que representa al arzobispo Fernando de Andrade. Y en otros casos también y/o el retrato de su sucesor, Francisco Manso y Zúñiga, de 1655.

Sin noticias hasta el XVIII

Desde mediados del siglo XVII deja de haber noticias sobre los avances en la colección de la galería de los obispos. Coincide este medio siglo con una sucesión rápida de prelados que duran poco tiempo en el cargo. Un aspecto que sin duda alterará la gestión de este tipo de proyectos.

El s. XVIII arranca con el encargo al pintor Juan del Valle de algunos de esos arzobispos de los 50 años anteriores. Pero no será hasta 1711 cuando la colección sufra una drástica transformación con el proyecto del arzobispo Navarrete.

Navarrete y su pintor Nicolás Cuadra

En el plan del arzobispo Francisco Navarrete para renovar y transformar esta capilla también en sacristía (1711), se establece la sustitución de todos los retratos por otros nuevos. Al mismo tiempo manda volver a investigar la cronología histórica y completarla.

Tres años después (1714) ya están listos los nuevos cuadros. En el acuerdo con el cabildo el arzobispo se llevaría los viejos al palacio arzobispal de la localidad de Arcos. Sin embargo parece que los retratos de autores como Leyva, Mateo el viejo o Juan del Valle, se mantuvieron integrándose en esta nueva serie.

Navarrete encarga el trabajo a su pintor Nicolás Antonio de la Cuadra que ya venía trabajando con él.

Última limpieza

A lo largo de 2016 el cabildo y la fundación AXA acometieron la restauración de este espacio. Dentro del trabajo se realizó la limpieza y recuperación de todos estos los retratos y cartelas. Aprovechando su desmontaje se realizó una exposición con los lienzos de modo rotativo según se iban restaurando.